A
veces me entran unas ganas tremendas, casi inconscientes, de volver al norte. Y
sentir la brisa, más acogedora, tierna y cariñosa que ésta; oler la hierba
justo cuando la lluvia acaba de parar; sentir la arena de una playa, cualquiera,
en lo que antes era mi cuerpo; caminar por la orilla, observar esas extrañas
ondulaciones que produce el contacto de mi pie con la arena ya mojada; estremecerme
con el primer abrazo que me brinde el mar, y esperar impacientemente al segundo
y al tercero y al cuarto; caminar y correr, playa arriba y playa abajo porque,
cada vez que me dé la vuelta, el camino es otro; dibujar en la arena, escribir
mensajes subliminales a gente que no me cae muy
bien y luego sentarme, ya con la puesta de sol, y ver cómo el mar escucha,
lee y entiende mi mensaje. Y lo cumple, vaya que si lo cumple.
Pero
ahora no estoy allí, sino aquí. Y no podré ir.
Me
da rabia. Tengo mucha rabia contenida en este corazón desobediente. No lo supe
educar y él, ahora, me domina. El maltrato no es maltrato cuando la maltratada
se deja maltratar. Y yo me dejo, qué más puedo hacer. No existe un número de
teléfono en contra del dolor. Cuando sea mayor lo haré. Cuando sea mayor. ¿Cuándo se empieza de verdad uno a hacer mayor? Físicamente,
más o menos, todos lo sabemos. Pero en lo interior, en lo que de verdad
importa, cada cual madura de una forma. A veces forzado, a veces
queriendo.
Mi
gato me mira. Se me viene a la cabeza, casi de una manera fugaz, el día que
pisó esta casa (mi casa) por primera
vez. Todo era tan fácil en esa época. Todo era comprensible, hasta la crisis,
esta jodida y maldita crisis, era entendible. Y, si acaso, perdonada. Sólo era
jugar, dormir, comer, mear y cagar (y lo he escrito en orden, ¿eh?). Sólo eso.
Pero
todo cambia. Ahora el miedo reposa tras mi tráquea, ahora pienso todo y digo
nada. Las personas cambian con el tiempo.
Y yo, desgraciadamente, soy.
Midons, ha habido una frase que me llamó la atención. Es la siguiente: ''El maltrato no es maltrato cuando la maltratada se deja maltratar''. Desgraciadamente tienes razón. Pero la maltratada se deja maltratar por miedo a que sea maltrata de una forma peor. Por lo que es difícil no salir ''herida'', por lo menos psicológicamente.
ResponderEliminarEstamos todos contigo. :D
: )
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