– Ducinea del Toboso.
– Nombre, por favor,
sin coñas.
– Lo tengo en la punta de la lengua…
– ¿Toma algún
medicamento?
– En mi jardín hay un trébol…
– ¿Tiene alguna
fobia?
–… pero no tiene hojas.
– ¿Toma alcohol?
– ¿Cuando canturreo en la ducha cuenta?
– No responda con
interrogantes.
– (…)
– ¿Tiene algún vicio?
– Un día amanecí creyéndome mañana.
– Limítese a
responder a lo que se le pregunta, por favor.
– Eso hago.
– ¿Algún trauma de la
infancia?
– ¿De la de ahora o de la de antes?
– ¿Sigue siendo niña?
– No tengo edad.
– ¿Puede, por favor,
levantar la cabeza y mirarme cuando le hablo? Es una falta de educación no
mirar a los ojos cuando le están diciendo algo.
– No tengo cabeza.
– ¿Cuándo empezó a
perder la cordura?
– ¿La cordura o la cabeza?
– ¿Comprende el
motivo por el que le estoy aplicando este test?
– No creo. ¿Debería?
– Que no me haga
preguntas, joder.
– ¿Por qué no?
– Esa es otra
pregunta… No más interrogantes, se lo agradecería.
– Para mí también es importante escuchar respuestas.
– Por ahora no puede
preguntar nada. Vamos a la siguiente fase de preguntas…
– Fases… Las de la luna son mis favoritas.
– ¿Qué cosas la
entristecen?
– Muchas.
– Deme un ejemplo de
algunas.
– Ya estoy triste, usted es un claro ejemplo de ello.
– ¿Yo la pongo
triste?
– ¡No se jacte…!
– ¿Y qué le hace
sentir feliz?
– No estar demasiado triste.
– Responda más
concretamente… ¿Es usted feliz?
– En este momento lo dudo. Quizá dentro de unos minutos,
cuando usted se haya ido.
– ¿Se considera una
persona temperamental?
– ¿Subjetiva u objetivamente?
– ¿¡Qué parte no
entiende de que no puede preguntar!?
– Estoy practicando para cuando me lo permita.
– ¿Tiene pareja?
– I love you en francés.
– ¿Ha tenido fracaso
sentimentales?
– La gallina de los huevos de oro…
– ¿Le han roto el
corazón alguna vez?
–Sueño claridades en la oscuridad, ¡no es justo! Son sueños.
– ¿Cuántas veces se
ha enamorado?
–Mil veces de la luna, cada vez que los edificios me dejan
verla.
– ¿Cuántas veces le
rompieron el corazón?
– Uff… Tengo tanta sed de lluvia.
– No evada las
preguntas, entorpece el procedimiento.
– Yo he respondido absolutamente a todo. No me lo niegue,
doctor.
– Colabore…
– Es que quisiera preguntar.
– Bien, vale. Pregunte.
– ¿Cuántos locos se curan de hemorragia mental anualmente?
– ¿Hemorragia mental?
– No responda con preguntas, se lo agradecería.
– No sé, son
estadísticas desconocidas para mí.
– ¿Es mejor un trasplante de corazón que una lobotomía?
– ¿En qué sentido?
– ¡Responda!
– Pues… Depende de la
razón por la que se requieran tales prácticas, evidentemente.
– ¿Usted creería en el amor si yo le dijera que es,
concretamente, un objeto volador no identificado?
– El amor es un
proceso bioquímico que sugiere la implicación de factores neuro… (blablabla)…
científicamente comprobable. Y, como tal, sería totalmente irreverente por mi
parte el hecho de no creer en algo que sucede en mi propio organismo.
– ¿Cuándo fue la última vez que folló con amor?
– Se tornan muy
personales las preguntas, ¿no cree?
– ¿Cuántas veces besó a una mujer que no creía en sus besos
y, sin embargo, se dejaba besar por la simple ansiedad de amarlo y ser besada?
– No se pueden
cuantificar los besos en ningún tipo de relación sentimental, hablando en
términos generales.
– ¿Le gusta la gente que vuela, doc?
– ¿Me habla de
pilotos y azafatas?
– ¿Cuánto miedo se permite sentir cuando estás enamorado?
– El miedo es una
excusa de la mente para limitar al corazón.
– ¿Es el miedo un factor común?
– Me temo que sí.
– ¿Está enamorado en este momento?
– Sí.
– ¿Siente que se estremece el mundo cuando mira a los ojos
de esa persona?
– ¿A dónde cojones
pretende llegar con este interrogatorio?
– ¿Ha velado usted el sueño de su amada durante toda una
noche, una noche completa, con cantar de gallos y sol incluidos?
– Yo me duermo muy
fácilmente. Pocas veces me desvelo, y menos toda la noche.
– ¿Ha sentido alguna vez que flota por las calles? ¿Ha
sentido voces en su cabeza, como ecos? ¿Casi se duerme mientras anda? ¿Siente
esa deliciosa sensación de cansancio en los ojos y cuerpo? ¿Piensa sólo en la
persona que le provocó ese desvelo?
– ¡Que no me desvelo!
– ¿Con qué grado de intensidad se siente feliz cuando las
secuelas de su corazón, envenenado (o roto, por no sonar deprimente), le juegan
una mala pasada?
– Uno se siente feliz
o no. No hay escala que mida qué tan feliz se puede ser.
– Cuando no está feliz, ¿está loco?
– Cuando no estoy
feliz es porque me falta algo.
– ¿Con qué frecuencia le falta algo?
– Ya no le veo el
sentido a las preguntas que me formula.
– ¿Con qué frecuencia le falta algo?
– Bueno… Después de
todo supongo que sí se puede ser feliz por cierto grado de intensidad…
– Ah, vaya. ¿Se caen las teorías?
– No necesariamente.
¡Y ya no aceptaré más preguntas!
– Eso pensé.
– ¿Cree que no me di
cuenta que sólo trataba tomarme el pelo?
– ¿Se entera usted de algo?
– Creo que hemos
finalizado la sesión por esta vez.
– Bien.
– Es una paciente
difícil… La reto a volver.
– No debería volver.
– ¿Por qué no?
– Ya terminó la sesión, no más preguntas.
– La invito a una
copa.
– Nunca le dije que bebía.
– ¿Le gusta el vino?
– Sólo el verde. Hasta la vista, doc.
– Suerte, Dulcinea…
– Tanto que mantuve el nombre en la punta de la lengua… Disculpe,
creo que me lo he tragado.
– ¿Y el Toboso?
– I love you en sueco.
Fin de la sesión, resultados confidenciales.
¿Y Don Quijote? No me puedo creer que no hayas metido ahí a un Don Quijote.
ResponderEliminarEstá peleando contra los molinos. :D
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