28 de junio de 2012

Ciento cuarenta y dos.

Nombre completo.
– Ducinea del Toboso.
Nombre, por favor, sin coñas.
– Lo tengo en la punta de la lengua…
¿Toma algún medicamento?
– En mi jardín hay un trébol…
¿Tiene alguna fobia?
–… pero no tiene hojas.
¿Toma alcohol?
– ¿Cuando canturreo en la ducha cuenta?
No responda con interrogantes.
– (…)
¿Tiene algún vicio?
– Un día amanecí creyéndome mañana.
Limítese a responder a lo que se le pregunta, por favor.
– Eso hago.
¿Algún trauma de la infancia?
– ¿De la de ahora o de la de antes?
¿Sigue siendo niña?
– No tengo edad.
¿Puede, por favor, levantar la cabeza y mirarme cuando le hablo? Es una falta de educación no mirar a los ojos cuando le están diciendo algo.
– No tengo cabeza.
¿Cuándo empezó a perder la cordura?
– ¿La cordura o la cabeza?
¿Comprende el motivo por el que le estoy aplicando este test?
– No creo. ¿Debería?
Que no me haga preguntas, joder.
– ¿Por qué no?
Esa es otra pregunta… No más interrogantes, se lo agradecería.
– Para mí también es importante escuchar respuestas.
Por ahora no puede preguntar nada. Vamos a la siguiente fase de preguntas…
– Fases… Las de la luna son mis favoritas.
¿Qué cosas la entristecen?
– Muchas.
Deme un ejemplo de algunas.
– Ya estoy triste, usted es un claro ejemplo de ello.
¿Yo la pongo triste?
– ¡No se jacte…!
¿Y qué le hace sentir feliz?
– No estar demasiado triste.
Responda más concretamente… ¿Es usted feliz?
– En este momento lo dudo. Quizá dentro de unos minutos, cuando usted se haya ido.
¿Se considera una persona temperamental?
– ¿Subjetiva u objetivamente?
¿¡Qué parte no entiende de que no puede preguntar!?
– Estoy practicando para cuando me lo permita.
¿Tiene pareja?
– I love you en francés.
¿Ha tenido fracaso sentimentales?
– La gallina de los huevos de oro…
¿Le han roto el corazón alguna vez?
–Sueño claridades en la oscuridad, ¡no es justo! Son sueños.
¿Cuántas veces se ha enamorado?
–Mil veces de la luna, cada vez que los edificios me dejan verla.
¿Cuántas veces le rompieron el corazón?
– Uff… Tengo tanta sed de lluvia.
No evada las preguntas, entorpece el procedimiento.
– Yo he respondido absolutamente a todo. No me lo niegue, doctor.
Colabore…
– Es que quisiera preguntar.
Bien, vale. Pregunte.
– ¿Cuántos locos se curan de hemorragia mental anualmente?
¿Hemorragia mental?
– No responda con preguntas, se lo agradecería.
No sé, son estadísticas desconocidas para mí.
– ¿Es mejor un trasplante de corazón que una lobotomía?
¿En qué sentido?
– ¡Responda!
Pues… Depende de la razón por la que se requieran tales prácticas, evidentemente.
– ¿Usted creería en el amor si yo le dijera que es, concretamente, un objeto volador no identificado?
El amor es un proceso bioquímico que sugiere la implicación de factores neuro… (blablabla)… científicamente comprobable. Y, como tal, sería totalmente irreverente por mi parte el hecho de no creer en algo que sucede en mi propio organismo.
– ¿Cuándo fue la última vez que folló con amor?
Se tornan muy personales las preguntas, ¿no cree?
– ¿Cuántas veces besó a una mujer que no creía en sus besos y, sin embargo, se dejaba besar por la simple ansiedad de amarlo y ser besada?
No se pueden cuantificar los besos en ningún tipo de relación sentimental, hablando en términos generales.
– ¿Le gusta la gente que vuela, doc?
¿Me habla de pilotos y azafatas?
– ¿Cuánto miedo se permite sentir cuando estás enamorado?
El miedo es una excusa de la mente para limitar al corazón.
– ¿Es el miedo un factor común?
Me temo que sí.
– ¿Está enamorado en este momento?
Sí.
– ¿Siente que se estremece el mundo cuando mira a los ojos de esa persona?
¿A dónde cojones pretende llegar con este interrogatorio?
– ¿Ha velado usted el sueño de su amada durante toda una noche, una noche completa, con cantar de gallos y sol incluidos?
Yo me duermo muy fácilmente. Pocas veces me desvelo, y menos toda la noche.
– ¿Ha sentido alguna vez que flota por las calles? ¿Ha sentido voces en su cabeza, como ecos? ¿Casi se duerme mientras anda? ¿Siente esa deliciosa sensación de cansancio en los ojos y cuerpo? ¿Piensa sólo en la persona que le provocó ese desvelo?
¡Que no me desvelo!
– ¿Con qué grado de intensidad se siente feliz cuando las secuelas de su corazón, envenenado (o roto, por no sonar deprimente), le juegan una mala pasada?
Uno se siente feliz o no. No hay escala que mida qué tan feliz se puede ser.
– Cuando no está feliz, ¿está loco?
Cuando no estoy feliz es porque me falta algo.
– ¿Con qué frecuencia le falta algo?
Ya no le veo el sentido a las preguntas que me formula.
– ¿Con qué frecuencia le falta algo?
Bueno… Después de todo supongo que sí se puede ser feliz por cierto grado de intensidad…
– Ah, vaya. ¿Se caen las teorías?
No necesariamente. ¡Y ya no aceptaré más preguntas!
– Eso pensé.
¿Cree que no me di cuenta que sólo trataba tomarme el pelo?
– ¿Se entera usted de algo?
Creo que hemos finalizado la sesión por esta vez.
– Bien.
Es una paciente difícil… La reto a volver.
– No debería volver.
¿Por qué no?
– Ya terminó la sesión, no más preguntas.
La invito a una copa.
– Nunca le dije que bebía.
¿Le gusta el vino?
– Sólo el verde. Hasta la vista, doc.
Suerte, Dulcinea…
– Tanto que mantuve el nombre en la punta de la lengua… Disculpe, creo que me lo he tragado.
¿Y el Toboso?
– I love you en sueco.

Fin de la sesión, resultados confidenciales.

2 comentarios:

  1. ¿Y Don Quijote? No me puedo creer que no hayas metido ahí a un Don Quijote.

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  2. Está peleando contra los molinos. :D

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