12 de junio de 2012

Ciento treinta.

Y sigo pensando. Y pensando y pensando y pensando…
Maldita sea, sigue sin pasar nada. 

Hace unos pocos minutos, le pedí a alguien (Texter -guiño, guiño-) que me intentase describir en cuatro palabras. He aquí su respuesta:

– Pero eso es muy difícil… – contesta.
– Si es tan difícil y tú tan perfecto, inténtalo. Listo, que eres un listo.
– Un libro sin argumento.
– ¿Cómo? ¿Qué? ¡¿Por qué no tengo argumento?!
– Bueno, lo tienes, pero muy escondido. Es difícil entenderte, yatusabe.
– No sé cómo tomármelo.
– Yo tampoco sabría si estuviera en tu lugar.  
– Gracias.
– De nada, para eso estamos.

Hijo de tu madre.

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