2 de julio de 2012

Ciento cuarenta y cuatro.

LA MÁQUINA DEL TIEMPO QUE INCLUÍA UN LÁPIZ DE LABIOS

Cuando esto empezó,
-¿empezó siquiera?-
cuando esto empezó yo no me imaginaba que la supresión del sueño
(es decir, el insomnio)
favorecería tanto a la fantasía de ti.
Luego se me cumplió
o se te cumplió, quién sabe,
pero no dejó de ser fantasía.

Entonces volamos por universos eólicos,
aquí, en la tierra, y más allá,
tocamos la noche
microscópicos como bacterias,
cenamos estrellas,
tomamos magma volcánica,
leímos la mente de los transeúntes en el parque
y pusimos nombre a cada gota de lluvia.

Robamos un carrito del súper
que en realidad era una máquina del tiempo que incluía un lápiz de labios
y entonces hondeamos la bandera revolucionaria.
Vimos a un Borges odiando a su gato
y los bigotes de Dalí cerca.
Hicimos el amor en la cúspide de Keops
y luego tú miraste el mundo destruido.
Yo no quise pasearme más allá del presente,
dices que el futuro es todo sintético y desolador,
dices que escasea el agua
y que ni las cucarachas sobrevivieron.

Yo mejor te digo que aquí nos quedemos
y no averigüemos cuándo empezó esto
y no averigüemos cuándo va a acabar.

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