3 de agosto de 2012

Ciento cincuenta y tres.

Hoy he ido a ver El Caballero Oscuro: la leyenda renace con Arnaxela. A decir verdad no sé mucho del tema, por lo que no puedo decir si los actores han dado la talla como personajes del cómic, al menos no profundamente, como lo suelo hacer con las pelis de superhéroes. Pero algo podré hacer, a ver qué se me ocurre.

Unas semanas antes del estreno de El Caballero Oscuro: la leyenda renace (horrible y absurdo título español de The Dark Knight Rises) empezó a producirse un curioso fenómeno por la red, que podríamos describir como el enfrentamiento entre nolanitas y nolanhaters (nombres bochornosos, lo sé, se hace lo que se puede). Aunque las causas no están del todo claras, parte de la responsabilidad hay que dársela al incesante bombardeo publicitario al que hemos estado sometidos desde hace más o menos un año (y no, no exagero), y que ha provocado un hartazgo monumental en mucha gente (entre los que me cuento), aunque sea a ratos. Así pues, casi antes de que la película llegara a los cines, podían oírse tantos comentarios que la convertían en una obra maestra, como que la trataban de fiasco y basura indigna de Nolan y de la franquicia.

Para quien lo escribe (la menda), no es ninguna de las dos cosas, pero sí una película fallida.

El mayor problema que tenía esta película era el hecho de competir contra sí misma. O, más concretamente, contra El Caballero Oscuro, posiblemente una de las mejores películas de superhéroes de la historia y sin duda la mejor película de Christopher Nolan hasta el momento. ¿Película de superhéroes? Bueno, yo más bien lo llevaría a policíaca: poli bueno y… poli murciélago. Y, como era de esperar, no resiste la comparación: si en El Caballero Oscuro teníamos una historia emocionante (en todos los sentidos de la palabra), actores en estado de gracia, un guión (o guion según la RAE ya) extraordinario y hasta filosófico y unas escenas de acción sensacionales, todo ello queda diluido en esta última parte de la franquicia. La historia, a pesar de tener toda una serie de detalles de enorme calidad, hace aguas por todas partes, arruinando sus elementos interesantes con unos agujeros de guion incomprensibles y/o mal explicados (o soy tonta, directamente); no entraré en detalles para evitar spoilers, aunque, de todas formas a los diez minutos de película se ven claramente todos y cada uno de los “giros de guion” que supuestamente debían sorprender.

Los actores, a los que tanto he oído alabar, van con el piloto automático puesto. No es que estén mal (que no lo están), simplemente están ahí, soltando sus líneas, de forma más o menos efectiva… pero fría. No hay nada del Bruce Wayne complejo y atormentado de sus predecesoras en Christian Bale; y poco o muy poco, del excelente comisario Gordon de Gary Oldman (me gusta mucho este actor, sep). Incluso un torpe Alfred de la talla de Michael Caine va a la búsqueda de la lágrima fácil de cocodrilo, y ni aún así consigue emocionar. Aunque los que salen peor parados son los nuevos, sin duda: Anne Hathaway (que ni es sexy, ni ambigua, ni misteriosa y cuya Catwoman no llega ni al talón de la de Pfeiffer) y Tom Hardy que, además de tener que enfrentarse a la sombra de Ledger (Joker, algo de lo que se sale trasquilada, por supuesto), tiene un personaje poco agradecido, sin prácticamente chicha y que, encima, se ve perjudicado por un doblaje al castellano espantoso (bueno, se queda corto este adjetivo). El único que se salva de la quema (o casi) es el inventado y nuevo Robin, que cuenta con un personaje mucho más bueno de lo que era de esperar (no llega a maravilla), y al que interpreta con ganas e integridad, que es más de lo que se puede decir del resto.

Para decir algo bueno, la mayoría de las escenas de acción de la película mantienen el tipo y, aunque tal vez no lleguen a la altura de su predecesora, tienen ritmo, enganchan y están bien llevadas.

Si El Caballero Oscuro: la leyenda renace fuese una película de superhéroes cualquiera, andaría sobre la media (ni muy arriba ni muy abajo). Sin embargo, se nos ha vendido como la octava puñetera maravilla, como la película que iba a dejar en bragas al resto del género y para siempre. Y ahí, ¿la verdad?, fracasa estrepitosamente. En un año en que el público (incluida) ha optado por abandonar el modelo del superhéroe dark and gritty para volver a los colores chillones y la hiperbólica y (algunas veces) absurda alegría de Los Vengadores, Nolan debería haber hecho algo muchísimo más sólido para mantener el listón. No ha sido así y, aunque El Caballero Oscuro: la leyenda renace está lejos de ser una mala película, no es (ni por asomo), el cierre que la franquicia merecía.

Aunque los nolanitas digan lo contrario.

1 comentario:

  1. Me declaro nolanita, pues.
    ¿Y qué horas son esas de escribir, enana?

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