es que soñé con paraguas muertos
y cuando sueño con paraguas muertos,
dentro de ese sueño
tengo otro sueño,
y en ese otro sueño
me pongo a ver cosas.
El problema es que vi cuando a los 8 años
iba a ver a mi abuela paterna
y mi abuela paterna me miraba y me decía:
“Ay, niña, hasta dónde vas a crecer, hasta dónde”.
Crecí, abuela, crecí hasta más allá de tu propia muerte,
crecí mirando ese horizonte maligno
en que una bandada de águilas enfadadas
se lanzaba al vacío sin nunca abrir las alas
y en el charco demente que dejaba su sangre
florecían ciudades entumecidas,
desafiantes y condenadas a la derrota.
El problema es que vi a Dios
tirándome las cartas del Tarot.
El problema es que Dios me dijo:
“Eres la peor chica que he conocido en mi larga y extraña
vida”.
El problema es que me vi entrando en bibliotecas
y al sentarme a leer ya me habían arrebatado la inocencia,
pero no me la arrebató
ni un hombre feo ni una mujer clitoriana,
me la arrebató Kafka, sucio austriaco de mierda.
Yo hubiera preferido a Rimbaud,
pero Rimbaud
estaba orinando sangre con merluzas.
El problema es que me veo niño
y a la vez me veo sacerdote
y me veo abusando de mí misma
y tengo arcadas y vomito,
y recojo el vómito,
lo recojo con mis lágrimas,
me hago un misal con la culpa
y hago arder mi propio Vaticano
para entibiar y consolar
a los gorriones indefensos.
El problema es que tengo un gran problema
y parece que ninguna solución.
Sueño con paraguas muertos
y en eso se me van las noches,
sueño con sueños dentro de otros sueños
y despierto hecha un estropicio de rosas venenosas.
Me levanto deslucida, acabada,
salgo a la calle con la vista fija
en el vuelo soberbio de las mariposas
y me acuesto en los adoquines manchados de sangre,
deseando que me digas
que nada
de esto
es
real.
Vienes pisando fuerte. Se te echaba de menos. :D
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