27 de octubre de 2012

Ciento setenta y cinco.

He recogido mi habitación (¡que sí, que lo he hecho!) y, entre papeles y papeles, encontré un trabajo que hice para Educación Física en Primaria, no sé si era en quinto o sexto. El trabajo era sobre el fútbol, había que contar su historia (escribí dos líneas, me encanta), desarrollar el trabajo en menos de tres hojas, dibujar un campo de fútbol (yo lo hice a mano, sin regla y sin nada, y el profesor me puso que lo hice “un poco chapucilla”. Un poco, un poco dice…) y, por último, poner nuestra opinión personal. Saqué un notable. En el trabajo sólo tenía mal el dibujo y, atentos, la opinión personal. ¿Cómo demonios se puede tener una opinión mal? ¿Cómo alguien (en esta ocasión un profesor) te dice, con doce años, que tu opinión no es correcta y que por eso te baja un punto en el trabajo? Querréis saber que puse, por qué armo tanto revuelo. Pues bien, lo transcribo aquí:

“A mí me parece muy mal lo que hacen en el mundo del fútbol. Por ejemplo, cuando el Liverpool fichó a Fernando Torres le pagaron al Atlético un montón de pasta (espaguetis, mmh…), y después dicen que demos dinero a los necesitados, ¿y ellos qué?”

Me acuerdo de ese día, lo hice en cuanto vi los folios arrugados y la letra tipo Comic Sans. Estábamos en el gimnasio y el profesor nos llamaba para darnos las notas. Cuando me llamó a mí, me explicó en bajo el porqué de mi fallida opinión: “Esto ya lo hablamos en clase, el fútbol es así. Además, no te preocupes, porque a los necesitados les llega dinero por todas partes”.
Profe, los necesitados cada vez son más cantidad y ya no tan sólo se congregan en los países subdesarrollados. El fútbol sigue moviendo un montón de pasta por fichajes y fichajes, ¿por qué no traspasan jugadores con millones y millones de Cheetos, de kilos de barro o, mejor aún, de mierda? Yo donaría, sólo para ellos. Soy donante de mierda.

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