12 de enero de 2013

Ciento ochenta y tres.

Que le jodan al mundo y a su eterna pasividad. Que le jodan a las horas perdidas sin ganas de hablar, al orgullo, a quien no me deja ser, al sitio donde no creo que deba estar, a las teclas que nunca están donde tienen que estar. Que le jodan al verde, al azul, al reloj, al vino que siempre falta al hablar. Que le jodan a las photos con photoshop, a las palabras de aquellos que no las sienten. Que le jodan a la sintonía de mi despertador, a la comida sana, al no a las drogas y al no me gusta. Que se jodan los paréntesis, y las comillas, y las comas, y los puntos.

Que le jodan a lo poco que entiendo qué hago aquí. Que le jodan a las miradas indescifrables, a callarse, al tiempo, a las frases hechas, a las puntas de la lengua que nunca son capaces de decir nada. Que le jodan a los pulmones, a los hígados y, por qué no, al corazón. Que le jodan a los valientes de nombre y cobardes de apellido, a los que quieren estudiar y no aprender, a los que no se mueren de hambre sino de envidia. Que se jodan los libros comerciales, los lunes, los relámpagos, los truenos que suenan pero no se ven, los semáforos de la Gran Vía y las rebajas.

Que le jodan al miedo.
Que le jodan al frío.
Que le jodan a la Coca-Cola.

Que se jodan los que dicen y no saben, y los que no dicen y saben. Que le jodan al pasar página, a los profesores, a los padres, a los amigos, a los primos, a los perros, gatos, serpientes, peluches, almohadas y espejos. Que le jodan a los molinos que se creen gigantes. Que le jodan a los que creen que gritar vale más que las palabras dichas sin producir ningún sonido. A las constelaciones, a la luna, a la lluvia y a lo que todo esto significa. Que se jodan los diccionarios. Que le jodan a lo largo que sea este texto, a la existencia y a los que no saben vivir, a las clases sociales, a las necesidades secundarias, a todo aquello que no necesitamos y creemos que sí.

Que le jodan a los fantasmas.
Que le jodan a los cazafantasmas.
Que le jodan a las taquicardias.
Que le jodan a la poesía, y a las novelas, y a la melancolía.

Que le jodan a que, porque salga el Sol, me tenga que levantar, y a las persianas. A todas las veces que se han hecho las cosas porque sí, a los argumentos, a las explicaciones, al justifica tu respuesta de los exámenes. Que se joda todo el mundo que crea saber que por mi nombre, mi signo del zodíaco, mi edad, mi fecha de nacimiento y mi color favorito sepa quién soy.

que le jodan a las mayúsculas al principio de cada frase.

Que le jodan a quedarse quieto, a los obstáculos, a los escritores, a los payasos que no saben sacar una sonrisa para ellos mismos, a las gomas que sujetan caretas.
Que le jodan a Pepito Grillo. Que le jodan a la conciencia. Que le jodan a los paraguas que no saben calar el alma y al techo contra lluvia de ideas.

Pero sobre todo, que le jodan a que te eche de menos y que tú ni siquiera lo intuyas.

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