11 de abril de 2013

Ciento noventa y cuatro.


Hoy me he saltado parte de la clase de Matemáticas para ir a un instituto donde conseguir información sobre el Bachillerato de Excelencia. Me gustaría decir que el mero hecho de saltarme diez minutos de la clase de mi amada y querida tutora ya sirvió para algo, pero en realidad no. Mi madre se empeñó en que fuera con ella para hablar con la jefa de estudios, y la verdad es que yo también quería ver lo que podría haber sido mi instituto el curso que viene. ¿Pero para qué fuimos? Pa’ nah.
Sí, sí, las instalaciones muy bonitas, preciosísimas, y la vitrina con todos esos trofeos quedaba muy bien nada más entrar en el hall pero, duh, mi gozo en un pozo.

— Bueno y, a ver, ¿en qué bachillerato estás interesada? ¿En el de Ciencias? — me pregunta la enana (porque era una enana, y encima una enana arrugada. Uy qué mala soy).
— No, yo soy de Letras.
— Ah, el bachillerato de Humanidades, ¿no?
Asiento, y ella saca unas hojas que nos enseña a mí y a mi madre, donde ponían los tres itinerarios que había: ciencias tecnológicas, de la salud y ciencias sociales.
— Pero esto no es Humanidades. — dice mi madre al poco rato.
— Sí, ¿no? Ahí pone “Humanidades y Ciencias Sociales”.
— Pero el itinerario es el de Sociales, no hay Griego ni Latín… — Y sí matemáticas. Un escalofrío recorrió mi cuerpo.
— Ahh, claro — La jefa de estudios de repente pareció caer en la cuenta —. Es que como a los que van al de Ciencias Sociales les llamamos los de Humanidades pues ya nos equivocamos.



Así que ese instituto, que es el que tiene Excelencia y está más cerca de mi casa, descartado. Ah, qué pena, y yo que ya me había hecho a la idea.
Pero mi madre piensa por todos los medios mandarme a un Bachillerato de Excelencia y, si no es en ese, pues que sea en el San Mateo de Madrid. Sería madrugar mucho, dormirse con los Lunnis y despedirse de la vagancia, pero al fin y al cabo lo que verdaderamente importa es el futuro. Vive el momento y tal, ya, claro que no le falta razón a ese refrán, pero es el futuro (elfuturoelfuturoelfuturo) lo que está en juego. Y, mientras pueda elegir, y aunque tenga que sacrificar muchas cosas, intentaré ir.
Y hablando de sacrificar… Esta tarde, cuando le conté a Delac esto mismo, tuvimos una pequeña conversación:

— Me alegro. Si puedes, es mejor que lo hagas. Nos separaremos, pero intentaremos que siga habiendo contacto — escribe él por guassap.
— Sí, tenemos que seguir viéndonos. Ya sabes, reserva los viernes.
— ¡Sí…! Pero eso hay que cumplirlo. Por ambas partes.
— Claro que sí, hombre.
— Joder, ¿e irás sola? A mí no me gustaría ir solo…
— Yo ya te lo dije, últimamente tengo en la mente eso de empezar de nuevo. Además, tarde o temprano habrá que separarse de los de la clase y mantener el contacto sólo con los que se quiera… y con los que se pueda.
— Ya. Pero es triste, da mucha pena.
— Hm, sí. Pero bueeeno…
— Tanto esfuerzos para ir juntos tú y yo, ya para nada.
— No se va a perder el contacto (guiño guiño).
— ¿Tú crees? Lo de quedar durará poco. Al tiempo nos distanciaremos, y nos olvidaremos el uno del otro.
— ¡Anda ya!  Eso nos pasaba cuando de pequeños nos cambiamos a este instituto. Yo cuando me fui de mi otro colegio me fui diciendo: “¡No os olvidaré nunca, tal tal, nos veremos por el barrio, tal tal, pícame al timbre de casa y bajamos a jugar, tal tal!” Pero, ¿qué? Yo tenía 8 años. Ahora que somos más mayores, si queremos mantener el contacto y la confianza, la mantendremos. Yo al menos quiero.
— (sonrisa) Tampoco me gustaría perder el contacto con otras personas, ya sabes.
— Ni yo.
— Ahora me he deprimido. Joder, no me quiero despedir…
— ¡Pues si todavía falta, y ni siquiera es seguro que me vaya al instituto ese!
— Me deprimo. En dos meses la vida que llevamos se romperá y cambiará.
— ¡Pues a aprovechar!

Y eso hay que hacer. Vivir el presente… pero sin perder de vista el futuro.

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