23 de julio de 2013

Doscientos diez.

Vale, me explico. Soy roleadora y, antes de que lo preguntéis... Sí, es una enfermedad. Consiste en meterse en la piel de otra persona, pensar y actuar como ella; pensar una historia para ese personaje, una personalidad, unos gustos, un aspecto físico y... Ya está. Después de todo eso, se empieza a rolear con otra gente. Hay distintas formas de rolear: está el roleo por Twitter (cosa tonta, ¿cómo vas a rolear en menos de ciento cuarenta y pico caracteres?), el roleo en directo (como podría ser por chat, mismamente) y el roleo por foros. 

Yo he probado el roleo en directo y el de por foros, y he de decir que mola más el de foro porque, aunque se tarde un poco más, siempre será más elaborado y mejor, mucho mejor. 
Aaasí que, por eso mismo aquí estoy. Acabo de escribir un post en un foro de rol en el que yo hacía de Tyrion Lannister (mi amor platónico) y la otra persona que tiene que responder hace de Sansa Stark. La cosa es que me ha gustado tanto, pero taanto, que me he decidido a ponerlo aquí. 

Estrellas invitadas: Bronn Mares, el mercenario que acompaña a Tyrion y Ser Meryn Trant, un miembro de la Guardia Real muy hijoputa. SPOILEREs el mismo que le corta la nariz a Tyrion en la segunda temporada/segundo libro.


IN LIFE, HEROES DON'T EXIST... AND MONSTERS WIN

El vino estaba rancio, el queso duro y la parte más sabrosa de aquel pan había sido pasto de los gusanos o de algún mozo de las cocinas, porque le faltaba un buen trozo. Tyrion separó el plato con un chasquido de lengua. Se quedó un buen rato observando la puerta, vigilándola, con la mirada entornada y un mohín de desagrado en sus hermosas facciones de enano. El sol creciente de la mañana iluminaba la acogedora estancia donde sólo podía verse una sola cosa fuera de sitio: el libro que Tyrion había estado leyendo hasta bien entrada la noche. No era fácil de leer, a decir verdad, era un tomo pesado y aburrido que trataba sobre las grandes casas de Poniente. Tyrion estaba abstraído en sus pensamientos, cada cual más inefable que el anterior, pero todos estos se disiparon de su mente cuando la puerta se abrió de golpe.

 
¿Es que debo pagarte también las clases de cortesía? —Se levantó de la silla para dirigirse hacia la puerta y pasar por entre el hueco que le había dejado Bronn— ¿No sabes que la gente llama a las puertas antes de entrar? 
 
Sí, pero nunca he entendido esa manía. ¿Para qué? ¿Qué temen encontrar detrás de una puerta? —Ambos bajaban apresuradamente por las escaleras del Torreón de la Mano. «Es despertarme y empezar a subir y bajar escaleras. Con razón Aerys se volvió loco.» — Pensándolo mejor. Sí, ¿por qué no? Te cobraré algo más… —Tyrion se percató de que Bronn, como siempre que pasaba alguna doncella bien dotada, se giró para ver alejarse a una mujer de finos cabellos dorados y cintura generosa—... para así pagarme unas cuantas clases de cortesía con esa preciosidad. 

Apretando la mandíbula, Tyrion continuó subiendo los interminables escalones que llevaban a la Cámara del Consejo Real. Le dolían las piernas a cada paso y los calambres le llegaban hasta la espalda cada vez que alzaba un pie para subir otro peldaño. La noche que había pasado tampoco le hacía bien. Maldijo de nuevo a quien quiera que fuera el Targaryen que mandó construir aquel lugar y se imaginó torturando al arquitecto encargado por hacerlo con tantas escaleras. Tal vez no estaría tan cansado si primero no hubiera tenido que bajar otros trescientos escalones para salir de sus aposentos, ya que, cómo no, estaba alojado en otro maldito torreón. Podía consolarse sabiendo que así, al menos, estaba lo más alejado posible de su querida hermana, pero en momentos como aquel tenía que admitir que resultaba un desagradable inconveniente.

 
Te noto algo cansado. Tal vez te gustaría que te llevara en brazos. —volvió a comentar Bronn con mofa. Al instante, recibió del enano una mirada envenenada y una sonrisa más envenenada aún.
 
Con lo que te pago, ¿no deberías dedicarte a lamerme un poco más el culo, en lugar de hacer tantos chistes? — dijo Tyrion enarcando una ceja.
 
¿Con lo que me pagas? — El mercenario pareció meditarlo durante unos segundos antes de contestar—.No. No llega para agacharme tan abajo, como mucho para un beso en la frente. 

Tyrion soltó una carcajada antes de continuar andando, porque al fin habían acabado las escaleras. Esa era una de las cosas que le gustaban de Bronn —además de su capacidad para preservar su vida a cambio de una módica cantidad de oro—, era una de las pocas personas con la que podía mantener una conversación inteligente y divertida a la vez, sabiendo que, mientras pudiera pagarle, no habría un puñal oculto en sus palabras.
Estaban cruzando uno de los patios interiores que conducían a la Sala del Trono cuando se encontraron de frente con un hombre alto y sombrío que escoltaba a la niña Stark, Sansa. «Mira a quién tenemos aquí…»

 
Ser Meryn Trant. —El guardia real no tuvo otra opción que pararse, ya que Bronn se entrometió en su camino con esa sonrisa torcida que lleva siempre—. Esta mañana parece que os habéis despertado con menos bolsas que con las que os acostasteis ayer. Ah, no, espera. —Inclinó levemente la cabeza a un lado—. Era la luz. 
 
No tengo tiempo para idioteces, Gnomo. Tengo que llevarla frente al rey. —farfulló el caballero, dando una pequeña sacudida a Sansa.
 
Lord Mano. Ahora Lord Mano. —le corrigió—. ¿Y cómo que frente al rey? Estaba convocada una reunión del Consejo, reunión a la cual Joffrey no debería faltar. 
 
El rey Joffrey. Parece que no soy el único al que se le olvidan los títulos. —«Odio esa sonrisita estúpida que se le pone en la boca al idiota este cuando me habla.» — El rey quiere hablar con ella y me mandó a mí para traerla. Yo sólo cumplo órdenes. 
 A mí se me olvidan los títulos como a mi sobrino sus quehaceres. — Tyrion dirigió una mirada, por primera vez desde que se encontraron, a Sansa Stark. «¿Es que soy el único que puede oír su grito en silencio?» — Y, hablando de quehaceres… Discúlpame frente al rey, Ser Meryn, pero esta mañana no podrá hablar a su prometida frente a toda la Corte como parece ser que es ahora su pasión. —Desvió de nuevo la vista hacia la joven Stark, intentando esbozar una sonrisa. O lo que parecía una sonrisa—.Tengo asuntos que requieren de la letra de Lady Stark. —mintió, claro, pero en esas lindes ya tenía práctica, un idiota como Meryn Trant no le iba a descubrir. Tendió una mano a Sansa, agachando levemente la cabeza.
 
Son órdenes del rey. —gimoteó el grandullón.
 
Y éstas son órdenes de la Mano. Mientras Joffrey la quiera para… hablar delante de la Corte, yo la quiero para ganar la guerra. Es la hija de Ned Stark, ¿recuerdas? La hermana de Robb Stark, el mismo que tiene preso a mi hermano en alguna parte de Poniente. Además —dijo ya dándose la vuelta y mirando de reojo los pies de Sansa, que empezaron a seguir sus pasos— no dudo del romanticismo del rey, sabrá encontrar otro momento idóneo para compartir unas palabras con su prometida. 
 El rey es--
 
¿Bronn? Creo que Ser Meryn tiene un especial deseo en hacer honor al nombre de Fortaleza Roja. —dijo en alto para que tanto el mercenario como el guardia real lo oyesen—. Si intenta detenernos, baña esta pared con su sangre. 

Sólo se oyeron las quejas soeces de Ser Meryn, pero apenas eran reconocibles, Sansa y él ya empezaban a subir —otra vez— las escaleras hacia la Torre de la Mano. El silencio se hizo entre ellos; sólo se oían sus pasos chocando con la piedra gastada de aquellos tortuosos escalones. Tyrion miraba los pies de Sansa de reojo, manteniendo la cabeza gacha. Fue casi a mitad de camino que el Gnomo alzó la cabeza —aunque no lo suficiente como para mirar a la cara a Sansa— y se atrevió a dañar al silencio—. 
De nada. —Aunque no esperaba un gracias por su parte, por lo que se negó a dejar que el ruido de sus pasos fuera el único que llegara a sus oídos y siguió hablando— ¿Tienes alguna idea de para lo que te quería Joffrey en realidad? 

«Pues claro que la tiene, estúpido enano. Es una niña, sí, pero ha pasado por lo suficiente como para saber que no era hablar lo que quería tu sobrino. Y una cosa es que lo sepa y otra que te lo diga. A ti. A un Lannister.
Estúpido enano. Estúpido.»

5 comentarios:

  1. Que mierda de post la verdad, no sé como puedes seguir escribiendo esta basura... Espero que hayas entendido la ironía

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  2. MIra, para entenderla, debes de seguir estos pasos cuidadosamente:
    1. Empieza a dar vueltas cual digimon a punto de evolucionar
    2. Quitale al gato sus uñas con una manta hecha de moviles de Apple.
    3. Haz un salto mortal invertido hacia atras mientras lees el final de Tormenta de Espadas
    4. Baila break dance
    5. Quitate los ojos
    6. Dile a tu madre que es la pera limonera
    7. Ve al cine de Japon a ver Lobezno Inmortal with me.
    8. Kiss me.

    Y así, podrás entender mi ironía.

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  3. Vale. Pero lo haré descolocado y empezaré por la 8. GRRRRR.

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  4. Ah y.. 9. Stay alive *Mode Haymitch; On*

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