19 de agosto de 2013

Doscientos trece.

Se anhela lo que no se tiene y se desprecia lo que se consigue. ¿Por qué no seguir este modelo y aplicarlo a todos los aspectos de la vida? Te quiero, pero ahora no. Oh, perdóname, no soy bipolar, simplemente soy una indecisa más que no debería haber llegado a este mundo para hacer sufrir a los demás. Para hacerte sufrir a ti. Yo contigo me siento atrapada. Me ahogo. Necesito salir pronto a la superficie y volver a tomar aire antes de sumergirme de nuevo dentro de nuestra relación. Me agobia pensar en el futuro, más aún, en nuestro futuro. Porque yo no lo quiero, ¿o tal vez sí? Quiero vivir aventuras, aprender de las experiencias. Viajar, conocer mundo, pero no agarrada a tu mano. Empaparme de nuevos amores y sufrir con otros desamores. Pero no atarme al primero. Y por eso sé que te voy a hacer daño. Seré insensible, no sé amar. Me repugno si me miro al espejo. Me repugna mi manera de pensar. Es despreciable mi egoísmo y mi cobardía al no saber decírtelo a la cara.

Pero es que aún así yo te quiero. Y no sé ni cómo comenzar a aclararme. Que sí, que adoraría pasar mi vida contigo. Y los besos. Y las caricias. Así es el amor. Me destroza pensar en cuándo podría acabar esto, pero de igual manera al imaginar que puede ser eterno. Te quiero, y no. Ahora sí, pero ya no. Me siento ridículamente estúpida. Ni siquiera me resulta fácil desahogarme, porque lo siento y me duele. Siento que estoy siendo sincera, que por una vez me estoy quitando la venda. Y aunque te quiera, muchísimo, nunca nadie se ha de quedar con el primer amor. O eso creo yo. Las experiencias hacen madurar a una persona, pero, ¿qué experiencias tendría sólo a tu lado? Y me destroza pensarlo, una vida sin ti, una vida contigo. Por eso quiero hacer de estos días o meses los más especiales del mundo, porque sé qué, posiblemente, cuando te haya dicho adiós, y como todo ser humano que quiere lo que no tiene, te necesitaré de nuevo a mi lado.

1 comentario: