20 de septiembre de 2013

Doscientos dieciséis.

Da igual donde vaya, mi casa no existe. Miro desde fuera mientras el tiempo pasa y la gente vive; todo el mundo tiene un sitio y lo cierto es que aunque busque yo no encuentro el mío.

Allá donde voy estoy fuera de contexto.
Vamos cambiando, pero siempre buscando momentos por los que la vida valga la pena, por sobrevivir a ese largo día a día e intentar despistar a la rutina. Queremos tantas cosas y somos tantos que, más que amigos, hay aliados temporales.

Allá donde voy estoy fuera de contexto.
No soy parte de nada ni de nadie, o al menos no la parte más importante. 

El mundo gira y nosotros nos vemos obligados a ir con él. Cambian los rostros que solían rodearnos; antes casi hermanos, ahora son extraños. Y volverá a pasar, por eso cada palabra la escribo sabiendo que está fuera de contexto. 
El mundo gira y nosotros nos vemos obligados a ir con él. Corremos, empujamos, peleamos… Y cuando llegamos a la meta, la felicidad ya no sabe a caramelo.


Allá donde voy estoy fuera de contexto.
Miro al cielo. Me siento tan pequeña. Siento que el tiempo destruye y lleva lejos amigos, besos, lugares y recuerdos. Dicen que pone a cada uno en su lugar, entonces debe ser que yo no tengo lugar. En tu vida sólo soy la chica rara que viene y que va, y que realmente no conoces; dos ojos más entre tantos ojos. No soy importante, poco a poco lo asumo.

Pongo mi corazón en todo aquello que escribo y, por eso y por desgracia, estoy fuera de contexto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario