6 de octubre de 2013

Doscientos diecisiete.

Algunas veces,
cuando miento,
sé que tú te das cuenta.

Otras veces no me importa
cuánto puedo llegar a odiar.

A veces ni siquiera intento hacerte feliz.

No sé por qué
te hago todas esas cosas,
pero…

Quiero herir a alguien
de la misma forma
de la que yo
estoy herida.

Es una locura, pero me hace sentirme mejor.

A menudo,
me es muy difícil pensar
que haya alguien
que pueda estar
tan confusa como yo.

Unas veces,
ni siquiera niego
que todo está mal.

Otras veces prefiero morir
antes que admitir que es mi culpa.

A veces, cuando lloras, no me importa en absoluto.

A veces,
no quiero ser alguien mejor
y, a menudo,
siento que no puedo mejorar.

A veces,
no puedo ocultar
los demonios a los que me estoy enfrentando.

Soy a menudo una pecadora
y a veces una santa.

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