
Y, bueno, pues eso, estuvimos
dos horas y pico haciendo el panoli y hablando de frikadas que no vienen a
cuento hasta que (¡por fin!) nos metimos en la sala de cine. Estaba repleta de
gente. De gente de nuestra edad. Ya sabéis, gente con las hormonas revoloteando
alrededor, gente que llevaba esperando esa película tanto tiempo como yo llevo
esperando a que me toque la lotería. A mi lado me tocaron dos chicas de unos
dieciséis años, no las pondría más, y que se pasaron llorando gran parte de la
película. Llorando.
Oh, yo también lloraría.
Pero de pena. Porque es una
lástima de película.
Empiezo diciendo que esta
película, como se ve a primera vista, está destinada al público adolescente,
muy en la línea de Crepúsculo. Hay vampiros, hay hombres lobo… Aunque los
protagonistas de la cinta en realidad no son ninguna de esas cosas, sino unos
seres medio ángeles medio humano (llamados cazadores de sombras) que luchan
contra las fuerzas demoníacas. No pinta tan mal, claro, a mí siempre me ha
llamado todo eso de los vampiros, los brujos, demonios y hombres lobo, pero
todos esos ingredientes en esta película no impiden ver la verdadera naturaleza
de esta adaptación: el drama adolescente. Porque lo verdaderamente preocupante
en Cazadores de Sombras: Ciudad de Hueso es que Clary acabe con Jace, que a
Simon le releven a la friendzone, que el pobre Alec esté enamorado de Jace…
Bueno, ya os imagináis.
No voy a mentir. Me leí los libros
hará tres años (¿ya?) y, en su momento, me gustaron. Pero ahora son como cinco
libros de la saga principal, y luego la autora hizo otros cuatro o cinco de
precuela, los cuales ya ni me esforcé en leer (y de los que que, por cierto, se
está hablando de hacer en cine también). Prefiero eso de “Lo bueno si es breve
es dos veces bueno”, y Cazadores de Sombras me cansó. Mucho.
Volviendo al tema de la
película… Ni siquiera la salvan la estética modernilla y gótica ni la presencia
de actores espectaculares como Lena Headey (LENA HEADEY) y Jared Harris. Porque
con la primera he de decir que tuve un serio problema: vi a Cersei Lannister.
Era pelirroja, no tenía un vestido puesto, pero la vi, era ella. Si hasta en un
momento de la película nos miramos mi amigo y yo y dijimos a la vez: “Cersei”,
y juro que no exagero. Lamentablemente, la película es un proyecto más que no
enriquece a quien lo ve, sino que estupidiza. Como si necesitara yo que me
hicieran más estúpida, hay que ver.
Cualquier parecido entre el
libro y la gran pantalla es pura coincidencia. Sí, es verdad que una adaptación
no puede ser totalmente fiel a un libro por muchos motivos, pero al menos un poco
de fidelidad se agradecería infinitamente. Se inventan muchas escenas, cortan
otras y hacen bromas sosas simplemente para cubrir espacio. ¿Lo bueno? Los
escenarios y los demonios, los efectos eran espectaculares.

Jonathan Rhys Meyers, que se cree su papel, resulta
espantoso… Y mira que este tío en Los Tudors me encantó (serie que he visto
hace poco y que no está mal, por cierto), pero aquí no me ha gustado
absolutamente nada.
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