Quise llamarte, pero me
contuve. Suelo hacerlo. Iba por la A, la B, la C… Así hasta llegar a tu nombre.
Pero en ese momento dije “Bah,
qué tontería. ¿Para qué? ¿Sentirme vulnerable?”
O quizás me daba miedo tu
respuesta.
Supongo que lo cogerías y
hablaríamos de mil tonterías, pero luego qué. Eso fue lo que me detuvo: luego
qué. Siempre viene un luego y ahora mismo no lo quiero.
Entonces llegué a mi casa.
Volví a coger el móvil. Hice lo mismo otra vez. Encendí la lámpara de lava y me
puse esa canción que me recuerda a ti. Entonces cogí el lápiz. A ver. Escribir.
Decir lo que sientes. Pero no es sencillo, no es sencillo cuando tienes ideas
arremolinadas en la cabeza y no saben salir.
O no quieren. No sé.
Quizás hubiera sido mejor
mantenerme quieta. Alejar el móvil para no cometer tal tontería. Para no
llamarte y no repetir el itinerario de la A, la B, la C… Y así hasta llegar a
tu nombre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario